No ha sido posible hallar información cuantificada sobre erosión de suelos en los países seleccionados. Sin embargo, están descriptas y también estable inferir pérdidas edáficas de una magnitud formidable en vastas regiones y ecosistemas del Cono Sur. Las grandes cuencas hidrográficas utilizadas con fines agrícolas, como también las enormes regiones boscosas que están siendo deforestadas a tasa acelerada, son ejemplos visibles de la tremenda degradación a que están siendo expuestos los suelos. Metodológicamente es difícil valorar, en forma directa, los niveles medios de contaminación ambiental que afectan a los países. Generalmente este tipo de mediciones se efectúa de manera puntual, en un sitio específico y en un momento determinado. Siendo la producción agropecuaria una actividad económica muy extensiva en términos de espacio ocupado, y desagregada en el tiempo, resulta complejo estimar, a nivel de país, la tasa de contaminación que el agro produce en el ambiente. No obstante, pueden utilizarse medidas indirectas que permitan inferir la peligrosidad de una actividad, por ejemplo, mediante un indicador como es la tasa de consumo de agro-químicos por hectárea. Utilizando registros estadísticos de organismos internacionales (UNIDO, 1988; FAO, 1989). Se aprecia una enorme diversidad de consumos entre los países y aún entre los productos. En un extremo de baja intensidad de uso están Argentina y Bolivia, y en el otro es Francia que posee, seguramente, una de las agriculturas más intensivas del mundo. Se puede inferir, a partir de estos datos, que los problemas de contaminación agroquímica se agudizan en las agriculturas más intensivas y dependientes del uso de insumos químicos. Si el agro francés utiliza 16 veces más pesticidas y 12 veces más herbicidas que el agro argentino, es dable pensar que los problemas de contaminación de origen agropecuario serán más graves en Francia. Quizás estas diferencias ayuden a explicar por qué los problemas de destrucción de la biodiversidad son mucho más serios en Francia que en la Argentina. La destrucción de la biodiversidad es un problema que preocupa a la comunidad internacional en general y a los ambientalistas en particular. Cada de un archivo genético único e irrecuperable, que reúne información de milenios (1988) y OECD (1989). En general se perciben niveles de riesgo relativamente bajos en los países que hacen uso más extensivo de las tierras con aptitud agropecuaria, pero el problema se agudiza a extremos muy peligrosos en un caso como el de Francia donde más del 50% de los mamíferos silvestres, y casi el 40%de las aves y reptiles, aparecen con riesgo cierto de extinción. Es muy probable que la supervivencia de la vida silvestre esté altamente correlacionada con los patrones actuales de uso de la tierra, y con el grado de alteración o destrucción de hábitats naturales que los mismos provocan. Sin embargo, en términos de destrucción de la bio-diversidad, existen en algunos países del Cono Sur problemas más graves que en otros de agricultura intensiva. Esto se puede percibir en las tasas de deforestación de bosques y montes naturales, y las tasas de reforestación que compensan la pérdida (FAO,1988; WRI, 1990). En el Cuadro 5 se aprecian las tasas peligrosas de extracción que se alcanzaron en Paraguay y Brasil durante la década del 80 con el fin de dar a esas tierras un uso distinto. La situación se agrava al no haber ocurrido una reforestación compensatoria. Chile aparece, como una rara excepción que invierte la tendencia regional. Este exterminio de masas boscosas para modificar el uso de la tierra no se percibe en Francia y EUA, aunque una situación similar pudo haber ocurrido décadas antes.
El Caso Argentino
Así como el uso de las tierras en diferentes países tiene peculiaridades que generan distintas consecuencias sobre el ambiente y los recursos naturales, el uso de las tierras en Argentina tiene también características y secuelas que le son particulares. Los datos presentados demuestran que, en general, el sector agropecuario argentino podría considerarse sustentable debido a sus bajos índices relativos de contaminación agro-química del ambiente, y de amenaza de extinción sobre las especies de la fauna silvestre. No obstante, la situación no debe ser subestimada en términos absolutos. Datos de la FVSA (1993) indican que existen 9 especies de vertebrados ya extintas (entre ellas el zorro-lobo de las Islas Malvinas y el guacamayo azul), 590 especies en riesgo de extinción y 31 especies comercial-mente amenazadas. En lo que respecta a plantas vasculares, habría 9 especies presuntamente extintas y 240 amenazadas (entre ellas: alerce, pehuén, pino del cerro, cactáceas y orquidáceas). Las principales causas de riesgo son la alteración y destrucción de hábitats naturales y la acción predadora del hombre.
Sin dudas, la secuela más grave del uso de la tierra con fines agropecuarios en Argentina se da en dos grandes frentes: (1) la erosión de los suelos, y (2) la desestabilización de ecosistemas frágiles.
La erosión de los suelos es un tema preocupante en distintas regiones. Un 20% de la superficie sufre síntomas de erosión que oscilan entre moderadas a severas o graves (Prego, 1988), teniendo tanto la erosión eólica como la hídrica una incidencia más o menos equivalente. La región pampeana-la de mayor productividad agropecuaria aparece especialmente expuesta a problemas de erosión debido a un cambio en los patrones de uso de la tierra ocurrida entre las décadas de 1960 y 1990 (Pizarro y Cascardo, 1991). EI proceso de “agriculturización” de la planicie pampeana ha significado un alargamiento de la fase con cultivos anuales de cosecha respecto a la de pasturas perennes dentro de la matriz de rotación de cultivos. En algunos períodos y en casos extremos, se ha tendido a sistemas de agricultura contínua. Trabajos realizados en el país (Casas et al., 1992; Panigatti y Hein, 1985; Puricelli,1985) y en Uruguay (Díaz, 1992) demuestran el efecto depresor que varios años de agricultura, sin interrupción con una fase de pasturas perennes a base de leguminosas, puede tener sobre varias propiedades del suelo. Las evidencias que presentan estos autores muestran tendencias declinantes en la mineralización del nitrógeno, en los contenidos de materia orgánica y en el nitrógeno total de los suelos. El efecto se revierte cuando se reingresa a una nueva fase de pasturas y esta se prolonga en años sucesivos.
Estimaciones del balance de nitrógeno realizadas para la región pampeana semiárida (Viglizzo, 1994) muestran claramente que la pérdida de este nutriente excede a la incorporación que hacen las leguminosas cuando el área con cultivos anuales de cosecha se incrementa en relación al área destinada a ganadería. La estimación de los balances se hizo computando como pérdida, la extracción de nitrógeno que se va con los granos y como ganancia, el nitrógeno que incorporan las leguminosas bajo 5 hipótesis de incorporación (50, 75, 100, 125 y 150 kg de N/ha/año). A medida que la relación de uso de la tierra se modifica a favor de las áreas con cultivos anuales y en desmedro de las áreas ganaderas, el balance nitrogenado tiende a hacerse negativo. La desestabilización de ecosistemas frágiles de considerable importancia agroecológica, parece ser otra consecuencia del uso de las tierras en Argentina. Tal es el caso de los ecosistemas denominados Chaco Seco, Semiárido Central y Estepa Patagónica. Datos de Buchery Schofield (1981), Bucher (1987), Defossé y Robberecht (1987), Anderson (1988), Soriano y Movía (1988), FAO (1989) y WRI (1990-91) han permitido construir el Cuadro 6 que ilustra sobre la condición y tendencia de los ecosistemas analizados, y sobre la tecnología disponible para estabilizar o revertir su degradación. En los tres casos, el mal manejo del ecosistema por sobrepastoreo, uso indebido del fuego o fuegos espontáneos y deficiente manejo del pastizal, ha sido causa de degradación en grandes extensiones de pastizales y bosques naturales.


