Actualmente «el régimen de ayudas recepta aspectos ecológicos y forestales, esto confirma una vez más la estrecha relación entre agricultura y tutela ambiental», «asumiendo intrínsecamente el derecho agrario comunitario la dimensión ambiental… dotándolo de una nueva dimensión, la profundidad». Además, se aprobó en 1.993 el Programa sobre medio ambiente de la Comunidad el que incorpora ya en el propio título del Programa la noción de desarrollo sustentable, receptando de este modo la Agenda de Río (1.992). Este programa se basaba en: la consecución de un desarrollo sostenible el que presupone cambiar de forma significativa las pautas actuales de desarrollo, producción, consumo y comportamiento lo cual implica compartir la responsabilidad de tales cambios a escala comunitaria, regional, nacional, local y personal; la aplicación bajo el principio de subsidiaridad y corresponsabilidad; la reducción del consumo excesivo de recursos naturales y evitar la contaminación, preconizando el desarrollo del concepto de gestión del ciclo vital de los productos y sus procesos; las estrategias adecuadas, referidas entre otros temas a la desertización, la deforestación y la pérdida de la diversidad biológica.
La Agenda 2000 destacó la integración de los objetivos medio ambientales: agricultura ecológica, agricultura integrada, reforestación, protección del paisaje etc. En el ámbito del Mercosur todavía es incipiente una política de calidad agroambiental, no obstante esto, se pueden citar algunos pasos dados como ser: el funcionamiento de la reunión especializada sobre medio ambiente y la aprobación de las Directrices Básicas en Materia Ambiental, a lo cual se agregan normas sobre emergencia ambiental y transporte de mercaderías peligrosas; la promoción del desarrollo sustentable por medio del apoyo recíproco entre los sectores ambientales y económicos; la promoción del uso de instrumentos económicos de apoyo a la ejecución de las políticas para la promoción del desarrollo sustentable y la protección del medio ambiente; la promoción de la educación, la información y la comunicación ambiental; los instrumentos de control ambiental; la evaluación de impacto ambiental, la contabilidad ambiental; el gerenciamiento ambiental de las empresas; las tecnologías ambientales investigación, los procesos y productos; los sistemas de información, las emergencias ambientales; la valoración de productos y servicios ambiéntales; la gestión sustentable de los recursos naturales (fauna y flora silvestre; bosques; áreas protegidas; diversidad biológica; bioseguridad; recursos hídricos; recursos ictícolas y acuícolas; conservación del suelo); la calidad de vida y el planeamiento ambiental (residuos urbanos e industriales, residuos peligrosos, sustancias y productos peligrosos, planificación del uso del suelo; la protección de la atmósfera; las fuentes renovables y/o alternativas de energía.
Daño agroambiental
Con frecuencia el hombre incurre en usos degradantes o contaminantes de los recursos naturales con motivo del desarrollo de las actividades agrarias. Así, por ejemplo, suelen darse: el mal uso del agua, falta de nivelación de los terrenos y deficiente drenaje, con relación al riego; el uso masivo de productos químicos (fertilizantes y plaguicidas), que puede conducir a la contaminación y eutrofización de las aguas; los desmontes irracionales con vistas a la agricultura, los que pueden provocar cambios de clima y erosión, por no respetar las características propias del ecosistema; el agotamiento de las tierras por monocultivo; la disminución o extinción de la fauna y flora silvestres, con la consiguiente pérdida de la diversidad biológica; la degradación del suelo por sobrepastoreo; la contaminación de los productos de la ganadería por el uso de anabólicos; etc.
A su vez, la actividad agraria puede ser víctima de la contaminación producida en otras actividades humanas, como la industrial, la cual a menudo contamina las aguas que servirán luego para riego. con las desventajas que ello implica.
El hecho técnico de la actividad agraria impacta negativamente en el ambiente. En realidad, toda actividad humana, sea ésta individual o colectiva, en cuanto ha atacado o impactado los elementos del patrimonio ambiental, causa un daño al mismo. El daño agroambiental puede tener a veces causas fáciles de identificar (por ejemplo, algunos casos de desmontes ilegales con causas perfectamente identificables), y otras veces provenir de fuentes difusas, como por ejemplo la contaminación de aguas de ríos que luego se usan para riego, por parte de industrias que no tratan los desechos de su actividad.
Por otro lado, la propia empresa agraria está llamada a concretar los cambios necesarios en los modos de producción agrarios, a fin de hacerlos compatibles con la naturaleza. Sucede que toda empresa debe devenir en empresa ecológica, a partir de la mutación de sus tecnologías de producción. Debe concebirse a la empresa agraria como la organizadora de las fuerzas naturales involucradas en la producción, en un marco de respeto a esa naturaleza.
Dentro de esta línea de pensamiento, es necesario que se establezcan claramente las reglas de juego a observar por parte de las empresas. Es preciso que ellas tengan conocimiento acabado acerca de lo que pueden hacer y lo que no pueden hacer en el uso de tecnologías. Al respecto, el Estado está llamado a brindar con la mayor amplitud y claridad posible, y siempre fundado en razones técnico científicas, la información respecto de cuáles son los límites ecológicos de las actividades de producción.
El hecho de tener ordenamientos jurídicos claros es apreciado por quienes desarrollan una actividad productiva, ya que los cambios continuos de normas y las políticas cambiantes provocan desazón y desaliento.
Además, va dándose lentamente un cambio de mentalidad en las empresas, que las lleva a adoptar una postura de mayor responsabilidad social, partiendo de la convicción de que las exigencias medioambientales no sólo pueden entenderse como parámetros a respetarse ineluctablemente, sino también como una oportunidad de ofrecer productos de mayor calidad y por ende, de aumentar la propia competitividad


